Ayer estuve trabajando con un pequeñajo encantador que habla por los codos, y como suele ser habitual, con una narrativa súper desorganizada. La ayuda se establece en forma de esquema y por supuesto, visual.

Pasamos de un discurso de 15 minutos sin pies ni cabeza, a uno de 1 minuto con estructura y sentido. ¿Por qué es importante esto? Pues por muchos motivos cómo sabréis. Hay uno que se suele escapar y que a mi me interesa sobremanera.

Y es la frustración. El hablar y que no te entiendan. El que se cansen de lo que dices (porque no saben bien de qué habla) y dejen de escucharte, de atenderte y les den la espalda.

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